Miedo. Miedo del después, de lo que vendrá.
Miedo de la posible ausencia, desesperación por demás.
Miedo en los pensamientos, miedo en las palabras.
Miedo encerrado, miedo salvaje, casi animal
Miedo hasta en la sopa.
Miedo, incertidumbre casi permanente
Miedo del descuido, de la intolerancia
Miedo a la regresión letal del desinterés natural.
Miedo hasta en la sopa.
Miedo en cada actitud inconciente
Miedo en la impotencia, punto frágil
Sensación de miedo recorriendo la piel
Miedo hasta en la sopa.
Miedo. Miedo del después, de lo que vendrá.
Miedo de lo que esta actitud cobarde pueda generar
Miedo en cada impulso de vivir
Miedo en todos lados. Hasta en la sopa.
jueves, 11 de marzo de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
Todo cambio interno merece su apropiada exteriorización.
La liviandad del espíritu se había llevado consigo la inspiración y había dejado sólo un pequeño rastro de su existencia en la tierra.
Eran muchas las emociones, tantas que se le hacia difícil poder bajarlas a lo literal, a lo concreto, a lo expresamente escrito en una hoja de papel.
El intento de vagar sin rumbo, de querer vivir sin necesidad de planearlo todo mil veces y replanearlo, de acomodar nuevos planes a las ideas originales cuando algo no sale como se lo esperaba.
La búsqueda (y el encuentro paulatino) constante, permanente de paz natural, de tranquilidad inaudita.
La embriaguez abrumadora de los sentidos, que por poco dejaba a los oídos aturdidos, a los olores confusos, a los ojos ciegos de tanto resplandor.
La renovación interna. Exhaustiva y total.
La reafirmación al presente.
El regodeo y la reivindicación a la vida, el disfrute de esos placeres, tan comunes para algunos y tan escasos para otros.
La explosión de alegría, el atropello a la razón, sin ninguna razón.
Y por último, la satisfacción de un nuevo objetivo cumplido en la vida, de un nuevo lugar alcanzado en el inframundo de los sueños.
Si, ese cúmulo de sensaciones (algunas nuevas, otras no tanto) eran demasiadas para el espíritu, que huyo despavorido por un tiempo.
Pero ya ha regresado, ya se reincorporó a su lugar habitual, a su esencia, a su raíz.
Y, renovado en si mismo, volvió, con un montón de cambios internos.
Y todo cambio interno merece su apropiada exteriorización.
Eran muchas las emociones, tantas que se le hacia difícil poder bajarlas a lo literal, a lo concreto, a lo expresamente escrito en una hoja de papel.
El intento de vagar sin rumbo, de querer vivir sin necesidad de planearlo todo mil veces y replanearlo, de acomodar nuevos planes a las ideas originales cuando algo no sale como se lo esperaba.
La búsqueda (y el encuentro paulatino) constante, permanente de paz natural, de tranquilidad inaudita.
La embriaguez abrumadora de los sentidos, que por poco dejaba a los oídos aturdidos, a los olores confusos, a los ojos ciegos de tanto resplandor.
La renovación interna. Exhaustiva y total.
La reafirmación al presente.
El regodeo y la reivindicación a la vida, el disfrute de esos placeres, tan comunes para algunos y tan escasos para otros.
La explosión de alegría, el atropello a la razón, sin ninguna razón.
Y por último, la satisfacción de un nuevo objetivo cumplido en la vida, de un nuevo lugar alcanzado en el inframundo de los sueños.
Si, ese cúmulo de sensaciones (algunas nuevas, otras no tanto) eran demasiadas para el espíritu, que huyo despavorido por un tiempo.
Pero ya ha regresado, ya se reincorporó a su lugar habitual, a su esencia, a su raíz.
Y, renovado en si mismo, volvió, con un montón de cambios internos.
Y todo cambio interno merece su apropiada exteriorización.
jueves, 7 de enero de 2010
Despedida
A mi entendedor mas entendido.
Al especialista en la materia, el mas aficionado
Al sabio conocedor de las excentricidades de mi alma
Al creador de varios versos en mi nombre
A la raiz mas profunda, mas valedera
Al mejor puerto, mejor refugio de mi locura
Al destinatario ya cansado de mis obsesiones
Al constructor de un sitio sagrado en mi espacio sideral
Al unico invicto de mi eterna soberbia, luchador de incansables batallas
Al enemigo peor (su orgullo es implacable)
Al mejor sosten en la debilidad
Al apoyo mas sincero e incondicional
A mi compañero de tragos dulces y copas rotas
A mi Nemesis.
A mi queridisimo Nemesis.
HASTA LA VUELTA, SIEMPRE PENSANDO EN VOS.
Al especialista en la materia, el mas aficionado
Al sabio conocedor de las excentricidades de mi alma
Al creador de varios versos en mi nombre
A la raiz mas profunda, mas valedera
Al mejor puerto, mejor refugio de mi locura
Al destinatario ya cansado de mis obsesiones
Al constructor de un sitio sagrado en mi espacio sideral
Al unico invicto de mi eterna soberbia, luchador de incansables batallas
Al enemigo peor (su orgullo es implacable)
Al mejor sosten en la debilidad
Al apoyo mas sincero e incondicional
A mi compañero de tragos dulces y copas rotas
A mi Nemesis.
A mi queridisimo Nemesis.
HASTA LA VUELTA, SIEMPRE PENSANDO EN VOS.
Eternamente tuya
Maria Antonieta
sábado, 26 de diciembre de 2009
La Batalla de mi mente
Siempre pensé que no podía escribir sino desde la angustia, el enojo o el resentimiento.
Que era la bronca la que inspiraba a mi alma a descubrir las verdades más atroces, a desnudar las palabras mas crueles, e incluso a autodestruir los sentidos.
Siempre supe que sentirse así despertaba un instinto interno, demasiado cruel, casi animal que necesitaba expresarse de alguna forma, necesitaba su exteriorización para darle forma a su esencia.
Y así fue que siempre escribí, desde la bronca más inaudita, desde el odio más cruel (y más pasajero también)
Desde esa satisfacción de escupir cualquier pensamiento que pasara por mi mente en épocas de angustia. Desde la humilde sensación de autorrealización. Desde el lado más oscuro de mi alma.
Cada tanto asoman luciérnagas a las puertas de mi inspiración. Pequeñas lucecitas de buenos augurios y buenaventurazas. Destellos de felicidad, de buenos deseos, sensaciones lindas.
Pero siempre lo prohibido, lo oscuro, la peor resaca de maldad le gana.
Se libra una pequeña batalla, imperceptible para mi (no por lo inmaterial sino por lo efímera)
Y siempre la capa más oscura le gana.
¿Será que la tristeza pesa más que la felicidad?
¿Será que el dolor duele más que la alegría?
Creo yo que el dolor deja huellas y la felicidad solo destellos.
Que la tristeza deja sus llagas y la alegría tan solo pequeñas marcas.
La felicidad es profunda...pero tan fugaz!
Pero nunca me olvido que la tristeza es inevitable y la depresión, opcional.
Que era la bronca la que inspiraba a mi alma a descubrir las verdades más atroces, a desnudar las palabras mas crueles, e incluso a autodestruir los sentidos.
Siempre supe que sentirse así despertaba un instinto interno, demasiado cruel, casi animal que necesitaba expresarse de alguna forma, necesitaba su exteriorización para darle forma a su esencia.
Y así fue que siempre escribí, desde la bronca más inaudita, desde el odio más cruel (y más pasajero también)
Desde esa satisfacción de escupir cualquier pensamiento que pasara por mi mente en épocas de angustia. Desde la humilde sensación de autorrealización. Desde el lado más oscuro de mi alma.
Cada tanto asoman luciérnagas a las puertas de mi inspiración. Pequeñas lucecitas de buenos augurios y buenaventurazas. Destellos de felicidad, de buenos deseos, sensaciones lindas.
Pero siempre lo prohibido, lo oscuro, la peor resaca de maldad le gana.
Se libra una pequeña batalla, imperceptible para mi (no por lo inmaterial sino por lo efímera)
Y siempre la capa más oscura le gana.
¿Será que la tristeza pesa más que la felicidad?
¿Será que el dolor duele más que la alegría?
Creo yo que el dolor deja huellas y la felicidad solo destellos.
Que la tristeza deja sus llagas y la alegría tan solo pequeñas marcas.
La felicidad es profunda...pero tan fugaz!
Pero nunca me olvido que la tristeza es inevitable y la depresión, opcional.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Dejà Vu
ya sentí esta sensacion.
este vacío infinito
recorriendo el tendal de remordimiento
este vagar sin rumbo
este despertar sin esperanza
ya sentí esta sensación.
este momento sin gloria
esta certeza del final
que nunca termina de empezar
y se repite inconstante
sin rendición de cuentas al tiempo.
ya sentí esta sensación.
esta tentación a la razon
esta burla al corazón
esta justificación sin justificación
ya senti esta sensacion
este desafío al destino
este intento de humillación
este manicomnio sin locos
ya senti esta sensacion
este trámite a plena luz del día
con responsabilidad delegada
y audiencia pública antes convenida
ya sentí esta sensación
si mal que me pese,conozco bien esta sensación.
este vacío infinito
recorriendo el tendal de remordimiento
este vagar sin rumbo
este despertar sin esperanza
ya sentí esta sensación.
este momento sin gloria
esta certeza del final
que nunca termina de empezar
y se repite inconstante
sin rendición de cuentas al tiempo.
ya sentí esta sensación.
esta tentación a la razon
esta burla al corazón
esta justificación sin justificación
ya senti esta sensacion
este desafío al destino
este intento de humillación
este manicomnio sin locos
ya senti esta sensacion
este trámite a plena luz del día
con responsabilidad delegada
y audiencia pública antes convenida
ya sentí esta sensación
si mal que me pese,conozco bien esta sensación.
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